jueves, junio 20, 2019
Mamá Maternidad

La des-conexión de las redes sociales.

De madre a madre. Sin ánimo de ofender ni menospreciar la vida y las preocupaciones de nadie quiero compartir algo que hace mucho que me ronda y que me ha hecho desactivar la mayor parte del tiempo mis redes sociales.

Si puedes ir a comer/cenar/de concierto con tu pareja y/o amigos porque tienes quien te cuide a tus hijos…

Si puedes trabajar, estudiar, sacar adelante tus proyectos porque tienes alguien que te ayuda con los niños o están en el cole y comedor…

Si tienes quien te eche una mano en casa (además de tu pareja, parto de la base de que una relación normal está basada en el corresponsabilidad)…

Si solo tienes un niño pequeño y además no eres su única cuidadora (es decir, va al cole o lo puedes dejar un rato con alguien de confianza)…

Si tienes alguien con quien tomarte un café y desahogarte…

Si crees que es duro criar a un sólo niño y además pequeño…

… Créeme. Te lo digo por experiencia. Duro es no recordar la última vez que has compartido tiempo con tu marido sin niños por el medio. No poder trabajar, estudiar o sacar adelante un proyecto porque el tiempo se escurre entre los dedos. Porque mi tiempo se limita de 9 a 2 de septiembre a junio, sin ayuda en casa más que lo que la jornada laboral de tu marido permite, así que da lo que da. Las horas no se estiran.

Créeme, las preocupaciones crecen con los hijos. Y con el número de hijos. Que si los celos, que si les das las mismas oportunidades, que si respetas los ritmos y la personalidad de cada uno (¡ja! que se lo digan a la tercera que no supo lo que era dormir siestas por el día sin el reloj pegado al culo por los horarios de los mayores). Que si, que cada uno está en una etapa diferente pero tu eres una y ganas le pones, que eres madre, hija, esposa, amiga, mujer. etc. pero cuerpo uno. Y gracias.

Créeme, cuando has tenido 13 mudanzas, la última hace 3 meses y tienes ganas de tomarte un café y soltar sapos y culebras pero no conoces a NADIE en tu ciudad (o por lo menos no a ese nivel) lo único que te queda es tomártelo frente a un espejo y ahí si, milagrosamente te conviertes en 2 y empiezas a pensar que quizás una visita al psiquiatra no te vendría mal.

Créeme. 10 años de maternidad. 3 hijos. Un marido que hasta ayer se iba a trabajar por la mañana y volvía con los niños cenados y si se te había dado bien la tarde, acostados. Conciliación le llaman, ¿no? ¡ah! no. Que esto es España.

Créeme, si tienes quien te ayude (de verdad, a tu manera y no a la suya) y solo tienes un hijo, además de corta edad estarás cansada. Si. Yo lo estaba cuando tenía una. Ahora me pregunto ¿por qué? Estrés. No. Claro que la experiencia es un grado, que ser primeriza es como lanzarse al vacío pero la cosa no mejora cuando tienes más. Te sigues lanzando al vacío, pero lo bueno es que lo haces acompañada de toda tu prole. ¿Quién dijo miedo?

Créeme. Te entiendo. Yo me sentí (y me siento así como 10 veces al día) sobrepasada, abrumada, estresada y agobiada. El puerperio, la culpa, el no llegar a todo… relativiza. Sobre todo disfruta de criar en exclusividad a uno. Crecen y rápido, y no es más fácil cuando son más mayores y duermen. No. Empiezan otras preocupaciones y algunas son jodidas y mucho. Pero sigue disfrutando. Sin paracaídas. Sin red. Con uno o con tres o con cinco. Con ayuda o sin ayuda. Nadie dijo que fuera fácil pero si vale la pena. Lo vale todo. Hasta la última lágrima de frustración, hasta el último grito ahogado de rabia porque no has llegado a todo, porque no eres la madre modelo que pensabas que serías.

Y yo soy afortunada, porque mi marido tiene un buen trabajo. Porque tengo salud. Porque mis hijos también. Porque aunque queda mucho vivimos en un país con unos derechos sociales. Porque puedo disfrutar de mis hijos aunque a veces tenga ganas de regalarlos.

Y escribo esto, no para ser una víctima de la maternidad, ni para decirte que lo mío es peor, ni para ser modelo de nada. Al contrario. Esto me lo recuerdo a mi misma cada día. Pero ha llegado un momento en que me aburre entrar en Instagram o Facebook porque me canso de escuchar lo dura que es la maternidad, las sombras de la maternidad, etc etc. sobre todo en palabras de mujeres que disfrutan de esa lista de “privilegios” que menciono arriba, y me quieren enseñar a disfrutar, vivir y sentir mi maternidad. Me quieren aconsejar que debo hacer con mis hijos de 10, 7 y 3 años cuando tienen un hijo de 2.

Hace años (yo soy una dinosaurio de la blogosfera…. mi primer blog fue en el 2008 y el primero sobre maternidad en el 2011) me agotaba mentalmente leer a madres hablar de como manejar celos entre hermanos sin más experiencia que tener un hijo y sin estudios pedagógicos….y me sigue pasando. Me parece fenomenal contar tu experiencia, contar lo que a ti te funciona pero gurús de la maternidad sobran. El no llego a todo pero después publico chorrocientos stories con fotos con encuadres perfectos, luz maravillosa de tu día a día (como si las acabaras de hacer con el móvil) me hace pensar que si puedes hacer fotos así de tu rutina mal, mal de tiempo tampoco vas ¿no? o simplemente es ¿postureo? estoy a favor de contar lo bonito, compartir lo bueno, dejar de lado las miserias… pero disfrazar la realidad, construirte un decorado, vivir de cara a la galería… te podrá dar muchos likes, pero satisfacción, ¿te la da?

Yo necesito la coherencia, así que si no me sale compartir fotos maravillosas, con textos fantásticos para conseguir el aplauso de personas que, la gran mayoría, ni conozco ni me importan, (entiéndeme… no es que no importes, pero la opinión de alguien a quien no conozco de nada no debería condicionar mi vida, no?) pues no las comparto.

Hace tiempo que mi cuerpo y mi mente me avisan de que pare. Que tengo que reorientar mi foco. Y entre tanto ruido es imposible. ¿Te has parado a pensar el ruido que generan(mos) las redes sociales? Toca parar, cuidarme y cuidar a los míos. Ocuparme del proyecto que lleva años parado y que me devuelve a la vida y la sonrisa.

Dejar de ver la vida a través de la cámara del móvil, de la pantalla de las redes sociales.

Dejar de hacer cosas para compartirlas. Ahora toca hacer y si me apetece, cuando acabe te lo cuento. Y si no me apetece me lo guardo para mi. Y si no me apetece guardar un momento en una foto me lo guardo en la memoria. ¿No estás cansada de ver cientos de publicaciones iguales, todas hablando de lo mismo, del mismo producto, de la misma música, de los mismo libros….? las redes sociales son fantásticas pero tienen un peligro. Convertirnos en meros consumidores, alienarnos, convertido en  clones….

Compartiré lo que me apetezca y cuando me apetezca.

Seguiré por aquí… o no. Cuando tenga ganas.

 

(Este texto se refiere a mis Redes Sociales, no al blog. En cuanto pueda seguiré compartiendo sitios chulos que estamos conociendo)

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